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Ataque de Pánico nocturno

 

ATAQUE DE PANICO NOCTURNO

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Un ataque de pánico nocturno suele ser una de las experiencias más inquietantes que sufren las personas durante el sueño. En realidad se trata de un ataque de pánico similar a los habituales diurnos, pero que se presenta durante algunas fases del sueño y que en muchas ocasiones hace que la persona se despierte normalmente en plena crisis.

Como muchos sabéis un Ataque de pánico es una brusca subida de ansiedad en la que la persona nota a veces de forma repentina y normalmente con una duración breve sensaciones físicas como taquicardia e hiperventilación, sensación de ahogo y mareo, oleadas de calor, sudoración, sensaciones de despersonalización en ocasiones, hormigueo, opresión en el pecho, etc. Cada persona suele experimentarlo de una manera, aunque hay unos puntos en común. Normalmente, junto con las sensaciones física aparecen pensamientos catastróficos en forma de temor a morir, volverse loco, asfixiarse, desmayarse, perder el control, etc.

Como es lógico el temor de la persona a que sucedan estas catástrofes (que ya hablaremos en otra ocasión de por qué no pueden suceder) hace que se realicen toda una serie de conductas de seguridad como tomar un ansiolítico, irse a urgencias, salir de la situación, distraerse, etc. Y cuando estas conductas de escape y evitación se convierten en un patrón estable, hablamos de un cuadro de agorafobia o claustrofobia.

La peculiaridad de los ataques nocturnos es que son una muestra patente de que nuestros sistemas de procesamiento de información permaneces activos durante el sueño, de forma tal que, normalmente, el disparador de dichas crisis nocturnas suelen ser los cambios fisiológicos que experimentamos al atravesar las distintas fases del sueño. Dichos cambios son detectados por el Sistema Nervioso Autónomo que está hipersensible en una persona que ya padece un problema de ansiedad y hace que se disparen esos episodios.

Si la persona hace una terapia psicológica en condiciones, en la que no prime (como suele ser el caso) el manejo de la ansiedad sino el afrontamiento de las situaciones y, sobre todo del temor a las sensaciones, los ataques nocturnos remitiran al igual que el resto. Los procedimientos más habituales y eficaces son la terapia cognitiva en forma de experimentos conductuales, exposición interoceptiva y en muchas ocasiones el aprender a gestionar de forma más sostenible las fuentes de estrés cotidianas. El recurso a ansiolíticos, antidepresivos o a las consabidas técnicas de relajación, respiración, etc normalmente no resolverán el problema, aunque sí puedan proporcionar cierto alivio momentáneo.

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DaliaPozo es Consulta de psicología clínica creada por Guillermo Dalia y Ángel Pozo

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